Carro compra

 x 

Carro vacío
  • Animalien inbentarioa irudiduna
  • Patxiku
  • Mugi/atu
  • Indiar Txikia
  • La Cueva de la Luna
  • Pirata ausarta
  • Zer behar da?
  • Airea ez da debalde
  • Amets Gaizto nire armairuan
  • Atzerrian
  • Etxeak eta hilobiak
  • Karl Marx y la crítica de la economía política
  • Beti bezala, ezer ez?
  • Tarta goxoa
  • Matones
  • Saguen bidaia
  • Breves del desconcierto
  • Kornelio

El Gachupín

Ensayo y Testimonio nº 19
/ Castellano
/ año 1995
/ 325 páginas
15,15 €
Descripción

En busca de la juventud perdida

El México mágico que deslumbró a André Breton y a Pablo Neruda es el que sedujo apasionadamente a Pío Caro Baroja, marcando todos los años de su vida.

Ese México es ya un mundo mítico; historia y leyenda a la vez. Es el México del Indio Fernández y, de María Félix y de Pedro Armendáriz y de Dolores del Río y de Gabriel Figueroa. El México de Siqueiros, de Buñuel, de Jorge Negrete, de Pedro Vargas de Lola Beltrán. El del exilio español, en el que sobrevive el vanguardismo poético de León Felipe, Pedro Garfias, Luis Cernuda, Juan Rejano. Es el México de Claridades, el periódico dominical en donde Pío colabora con otro grupo de exiliados: Rodolfo Halffter, Francisco Rivero Gil, José Domingo Samperio, Francisco Pina, Antonio Robles, Octavio Alva, Emilio Criado Romero...

Algo me atrajo de Pío Caro desde los primeros días de nuestra amistad: que fuera sobrino de Pío Baroja. Autor que admiraba mi padre, tipógrafo socialista. Guiado por él, leí Aurora Roja, uno de los preferidos de mi adolescencia.

Pío Caro regresó a una España en la que agonizaba su tío, pero siguió viviendo sentimentalmente en su tierra de sueños. Un enorme caudal de nostalgia y amor a México inunda las páginas de su libro. Pareciera una vendimia de recuerdos en la plenitud de su madurez, cuando la añoranza se hace sueño y el sueño acaricia el corazón.

Eulalio Ferrer. México, D.F., 1992


En busca de la juventud perdida es tan sólo la crónica de un viaje que hice tratando de encontrar lo que había dejado cuarenta años atrás. La he escrito en ltzea, durante el otoño, para combatir la soledad y la tristeza, viendo caer la lluvia monótona y sempiterna, mientras mi hermano Julio dormita junto al fuego.

Pio Caro Baroja. Itzea, otoño 1994.

El sitio empleará cookies para recordar su idioma y opciones de navegación, si usted está de acuerdo: